Como no llegar al Sindrome del Emperador

 

Sé que este es un tema delicado. Todo lo que toca el comportamiento o sídrome suele generar tensión. Ya sea de padres a hijos, o de hijos a padre. Creo que como padres muchas veces preferimos no afrontar la verdad. Creo que muchas veces nos cuesta asumir nuestra parte de culpas en lo que respeta a la educación de nuestros hijos. Pero sé que ninguno de nosotros quiere permitir que nuestros hijos lleguen a conocer este síndrome.

Pero, también opino que compartir, hablar, exponer determinadas informaciones sobre estos tipos de comportamientos es vital. Es fundamental para ayudar a las familias a lidiar con ellos.  Como siempre digo, debemos ser sinceros con nosotros mismo. No somos perfectos. Ni lo seremos. Nos equivocaremos. Muchas veces, infelizmente.

Yo me equivoco a diario. Pero cada día es una oportunidad para hacerlo MEJOR. No perfecto, sino MEJOR. Esa es mi meta. Intento cada día ser mejor que el día anterior. Mejor madre. Mejor esposa. Mejor amiga. Mejor ayuda. Mejor compañera. Mejor hija. En eso creo yo. Esa creencia es mi combustible.

Todos podemos MEJORAR.

Sindrome

El Síndrome del Emperador

Ultimamente, he estado leyendo cosas sobre el Sídrome del Emperador. Desde libros a entrevistas. Y la verdad que me ha asombrado mucho de con lo que he encontrado. ¡Vale la pena informarse! Más no sea para NI QUERER VIVIRLO DE CERCA. Síndrome del Emperador: ¡NI VERLO!

¿Que es?

Ataques de rabia, pesimismo, introversión hacia otros indiviuos de la misma edad, mentiras y muchas, muchas actitudes mandonas. En términos generales, se puede decir que esta es la combinación que define al niño con el síndrome del emperador. Como el nombre indica, el problema aparece cuando el niño manda demasiado, ya sea en casa o fuera de ella. Y cuando es así, nosotros (los padres) necesitamos estar atentos. Y disponibles, para tomar algunas actitudes firmes. El exceso de autoritarismo por parte del niño, acaba convirtiéndose en el primero de una serie de comportamientos malos – contra los propios padres, compañeros de la escuela y otras personas de su familia de la relación.

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¿Cómo saber si mi hijo tiene el síndrome del emperador?

De acuerdo con muchos psicólogos y pedagogos, las características más comunes entre los niños con síndrome del emperador son a menudo la actitud mandona y rabietas cuando sus deseos no se cumplen; constantes solicitudes de atención de los padres; dificultades para relacionarse con otros niños; falta de respeto a las reglas (de ida y vuelta) y una tendencia a ser pesimista. 

Otra importante característica de este síndrome, es la falta de empatía y la inversión de valores. Esto significa que el niño acaba mintiendo bastante (especialmente para justificar su mal comportamiento) y acaba, atribuyendo más valor a los bienes materiales que a las personas.

Pero el problema también aparece cuando el pequeño consigue lo que quiere. Al tener una voluntad atendida por los padres, él «puede volverse vulnerable afectivamente», o sea, acaba pidiendo aún más atención y afecto. Es como una pelota de nieve. Cuanto más avanza, más grande se hace.

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Pero ¿por qué aparece el síndrome del emperador?

El problema ha sido más recurrente con el paso de los años, por el tiempo cada vez menor que los padres tienen para dedicarles a los hijos. Esta es una tendencia de la vida moderna. Y antes de que te sientas culpable por ello, debes saber que no todo niño que tiene períodos cortos de convivencia con los padres desarrolla este tipo de  comportamiento. Es ahí donde entra el COMO interactúamos con el niño.

En el caso de los niños que acaban convirtiéndose en «pequeños emperadores», lo que sucede es lo siguiente: por tener que ausentarse por largas horas del día a día del hijo, sus padres buscan compensar su ausencia abriendo mano de ciertas reglas (el famoso «hacer todas las voluntades del niño «). Los «No» pasan a ser menos frecuentes – y entonces el niño crece creyendo que tiene más derechos que deberes, más libertad que responsabilidades.

¿Y cómo resolver?

Crear hijos no es fácil. Yo lo sé MUY BIEN. No es facil. Y segun que circunstancias estemos viviendo, peor lo llevamos o mejor. Lo ideal sería que siempre procuraramos de hacer del ambiente de la casa un lugar donde hay reglas, y, también, donde el pequeño se sienta seguro.

Es necesaria frustración. Y es que la frustración es un sentimiento indispensable para el desarrollo infantil. Nuestros hijos necesitan, (desde que tienen más o menos un año) de rutinas, reglas y límites claros sobre lo que pueden y no pueden hacer. No sé vosotros, pero mi Indio Mayor tiene dias en los que intenta mandar. Creo que es esa fase en la que nos pone a prueba para ver hasta donde puede el llegar. Con sus intentos de autoritarismo. Hay veces que incluso parece ser su deporte favorito: ponernos constantemente a prueba y ver hasta dónde puede llegar.

Frustración + Cariño + Constancia = Disciplina

Y se que educar no es fácil. El educar debe implicar ciertas dosis de esa frustración que les hablaba antes. La frustración es necesaria para equilibrar el amor infinito que sentimos por nuestros hijos. Si los padres ejercen su autoridad con cariño y constancia, los apuntes de tiranía deberían ir desapareciendo poco a poco.

El problema llega si no hay reacción por parte de los progenitores. Como decía al incio del post, la mayoria de nosotros se afana por buscar una explicación para no aplicar medidas firmes. “el niño tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”… no son explicaciones, son excusas. La verdad es que no nos atrevemos a imponer la más mínima disciplina. Nos cuesta. Les miramos, y son niños. Son nuestros Bebés. Ya sea que hayan pasado 2, 3 o 6 años, son nuestros bebés. Supongo que seguirán siendolo de por vida.

Ese problema suele ser evolutivo, se agranda día a día, hasta que la familia ya tiene la sensación de que se le escapa de las manos. ¿Y qué hacer entonces? No se trata tampoco de volver a las prácticas de antaño. Se trata sí de actuar con sentido común, sin exasperarse y sin violencia.

El estipular ciertas reglas, crea, da seguridad a los pequeños ya que así ellos sabrán exactamente cuáles serán las consecuencias de sus acciones. Esto significa que los padres no deben aceptar los malos comportamientos de los hijos y mucho menos recompensarlos cuando actúan de esa manera. Si les recompensamos cuando actúan con malos comportamientos, estaremos reforzando ese patrón. Y eso no es lo que queremos desde luego.

El refuerzo debe aparecer cuando el niño tiene un buen comportamiento. 

En el caso de que el niño esté llorando demasiado porque quiere un dulce, provocando una rabieta, no debemos dárselo. Los padres no deben ceder mientras no cambie su actitud.

Por otro lado, imponer límites excesivos tampoco resuelve. Eso hará que nuestros hijos se vuelvan inseguros.

Así que debemos constantemente proceder a evaluar el contexto de las situaciones. Aunque nuestro hijo tenga una mala actitud. Es fundamental. Hágamosnos esta reflexión: » ¿Es que el regaño es aún válido o el diálogo puede resolver? «.

Es más: cuando los padres gritan y se burlan, la orientación y la imposición de límites huye de la etapa sana, y los niños acaban por sufrir las consecuencias. Recordarles que la inseguridad es una de esas consecuencias. LO MEJOR ES EL EQUILIBRIO. Como en todo. También os interesará leer Los niños Obedientes… ¡no se quedan quietos!

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Sólo quiero ayudarte…Ayudarnos

No es mi intuito señalar a nadie. Ni condenar a nadie tampoco. Es mi intención si ayudar. Ayudarme. Ayudar a mi esposo. Todos los dias nos equivocamos. Todos los días hacemos algo mal. Pero queremos remediar. Queremos hacerlo lo MEJOR posible con nuestros hijos. Y mantener ese Sindrome bien LEJOS DE NUESTRAS CASAS.

Para un más profundo conocimiento acerca del Sindrome del Emperador, sigan el enlace AQUI.

Es muy importante destacar que si las situaciones que vivimos con nuestros hijos se nos escapan de las manos, es bastante válido buscar ayuda profesional. Como dije antes, crear nuestros hijos no es fácil – nada fácil. Por eso, si observas que una orientación con psicólogos te puede ayudar, ¿por qué no intentarlo? Todos saldrán ganado. Cambiar un comportamiento a nuestros hijos aún en la infancia es mejor que intentar hacerlo cuando ya sean grandes. Si esperamos a que crezcan, acabaremos cosechando consecuencias malas a lo largo de la vida.

Reglas básicas para frenar a tiempo los comportamientos tiranos

(teniendo siempre en cuenta las franjas etarias en las que se encuentra cada hijo)

Debemos  fijar las siguientes reglas:

  • Ambos papás deben estar de acuerdo en cómo quieren educar a sus hijos, en cuál va a ser su modelo educativo y actuar ante él sin fisuras, porque si las hay, el niño se aprovechará enseguida de ellas.
  • Ambos padres deben apoyarse en las medidas que se adopten en cada situación. Cuidarnos de que uno haga o diga una cosa, y el otro la contradiga por detrás.
  • Los padres debemos ser capaces de admitir que su hijo necesita normas en todo tiempo.
  • Rutina, rutina y más rutina. El día a día de nuestros hijos debe estar pautado: horas fijas para comer, para acostarse, para hacer los deberes. También deben tener una serie de obligaciones en casa –hacer la cama, poner y quitar la mesa, etcétera– de las que no se pueden escapar. Y normas muy claras sobre el tiempo de ocio.
  • Nada de amenazas. Las amenazas transmiten inseguridad al niño y sólo logran aumentar su tendencia a la negación. Y cuantas veces yo misma cometi este error =(
  • No se trata de prohibirlo todo después deque le hayamos permitido hacer todo. Una vez que le decimos algo, no podemos retractarnos. Debemos cumplir con nuestra palabra hasta el final. Mejor pensar con calma antes de hablar y actuar.
  • No hay que ponerse a la altura del niño: si grita, patalea y monta una escenita, hay que respirar y contenerse. Nada de chillidos, sofocones o tortazos, mejor esperar a que se calme sin hacerle el más mínimo caso.
  • No sirve de nada argumentar, el niño (tirano) no está acostumbrado a las palabras. Dejemos de discutir, hay que recordarle las reglas que hemos fijado y su deber de respetarlas.
  • Puede que no veamos resultados inmediatos, pero, según vayan creciendo, nuestros hijos lograrán interiorizar nuestras enseñanzas.

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Que Dios nos ayude a cambiar, y a ser mejores padres en todo momento. Yo la primera que cada día, en todo momento, creo que lo podría hacer muchísimo mejor.

¿Y tu?